viernes, 1 de marzo de 2013

Ley, Balanza y Caos


A petición de un buen amigo, rescato aquí una entrada que hice ya hace tiempo en otro sitio:

"...Hicimos lo que habíamos predicho. Les destruimos a todo.
Sentía lástima cuando les veía avanzar contra nosotros. Allí estaba la crema de la humanidad.
Tardamos una hora en destruir a un millón de guerreros.
Una hora.
Cuando terminó el exterminio, me invadió una extraña emoción que no pude definir entonces, ni puedo definar ahora. Era una mezcla de pesar, alivio y triunfo....
...
...No sólo fueron destruidas las grandes ciudades. Destruimos los pueblos. Destruimos las villas. Destruimos los caseríos y las granjas.
Descubrí a algunos que se ocultaban en cuevas. Y las cuevas fueron destruidas.
Destruí los bosques donde podían ocultarse. Destruí las piedras bajo las cuales podían refugiarse.
Sin duda, habría destruido hasta la última brizna de hierba si Arjavh no hubiera cruzado apresuradamente el océano para detenerme. Me suplicó que cesara.
Y lo hice...."



Esto es un fragmento que quedó grabado a fuego hace ya más de 20 años cuando lo leí por primera vez.

Se trata de "El Campeón Eterno" escrito por Michael Moorcock. Sin duda alguna me cambió algo en mi cabeza una vez acabé el libro. Había conocido un personaje, Erekosë, que rompía con todo lo que había leído hasta la fecha, y creedme cuando os digo que había leído un poco (más bien bastante) a esas alturas. Yo tenía en mi mente todo perfectamente catalogado según el bien y el mal, lo puro y lo corrupto, no en vano me había iniciado con el Hobbit a los 13 años de la mano de un primo mayor y por otro lado teníamos a Luke Skywalker que blandía su espada láser con la Fuerza de su lado, defendiendo el puro bien del universo, luchando contra la corrupción del Lado Oscuro. Y en eso me llega este libro a las manos que me hizo tambalear esos "sólidos cimientos de conocimiento del mundillo sci-fi y fantasía medieval y demás. En esta novela llega el protagonista que sin dudarlo lo tomas por el bueno y de repente cuando te das cuenta lo buenos no son tan buenos, ni los malos tan malos y el paladín salvador pasa a ser de todo menos un paladín


... Para mi fue un total shock ver como lo que presuponías de inicio se iba a tomar por saco y encima te parecía lo más normal en cada momento, pero al analizar el conjunto era para levantar los brazos al cielo y decir: "pero esto qué es lo que es?!!!"

Había hecho acto de presencia ante mi, la LEY, la BALANZA y el CAOS, nada más y nada menos.

Un nuevo mundo se abría ante mi pues resultó que Ley no significaba bueno ni Caos significaba malo.

El Campeón Eterno me abrió el camino hacia otro tipo de libros como la trilogía de "El Señor del Tiempo" donde el protagonista, Tarod, resulta que ha sido designado para volver a introducir el Caos en el mundo que presentan las tres novelas de la trilogía.

En resumen así en plan teórico resulta que:
Ley = Orden, inmobilismo, jerarquía total, etc...
Además sus seguidores si cogen la linea radical se convierten en déspotas cabeza cuadradas inflexibles
Caos= Desorden, cambio, locura, etc...
Ambos buscan el Poder y aquí aparece la Balanza que busca el equilibrio entre las dos para conseguir la autorealización y la felicidad....

El tema es que ahora que lo veo en perspectiva, me doy cuenta que en su momento casi me provoca una ruptura con los orígenes  a ver si me explico, hice un giro radical en cuanto a lectura por que todo lo nuevo me parecía mejor, casi "renegando" de los orígenes (Tolkien) por encontrarlo casi simple.

Ahora me gusta pensar que con el tiempo he abrazado todo ese material y lo he fusionado a mi manera en mi cabeza, lo que es bueno, lo que es malo, Ley y Orden, Balanza y Equilibrio, Caos ... dándome esa particular visión del mundillo sci-fi, fantasía medieval y el rol.

Este tema me provocó inquietud tanto a mi como a mis amigos en su momento, y ha sido uno de esos temas que suelen salir alrededor de una mesa con mis amigos (con los que jugamos al rol). Todos sin excepción tenemos todas esas ideas tan integradas unas con otras que ahora no entenderíamos el rol igual si nos faltara alguna de ellas. Son las diferentes partes de un todo.

Atentamente, Albert Tarrés.

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